Nuestra respuesta desde el viñedo

El cambio climático es ya una realidad y sus efectos se perciben cada vez con mayor claridad en el campo. En la viticultura, estos cambios están transformando la forma en que entendemos y trabajamos el viñedo. El aumento de las temperaturas, la mayor frecuencia de episodios de calor intenso y la irregularidad de las precipitaciones plantean nuevos retos para quienes vivimos y trabajamos de cerca la viña.

En Bodegas Enrique Mendoza llevamos más de tres décadas cultivando viñedos en el interior de Alicante. Durante este tiempo, nuestro equipo ha aprendido que la observación constante del viñedo es fundamental para comprender sus necesidades y anticiparse a los cambios. Hoy somos testigos de cómo el clima está modificando los ritmos naturales de la vid.

Uno de los efectos más evidentes que estamos observando es el adelanto progresivo de la vendimia. Año tras año, las altas temperaturas y la llegada más temprana del calor durante el ciclo vegetativo aceleran la maduración de la uva, obligándonos a adaptar nuestro trabajo para preservar el equilibrio y la calidad que buscamos en cada uno de nuestros vinos.

Ante esta situación, en Bodegas Enrique Mendoza creemos que la mejor respuesta es combinar la experiencia acumulada durante años con una mirada puesta en el futuro, adoptando prácticas que ayuden a que nuestros viñedos sean más resilientes sin perder la esencia que define nuestros vinos.

Apostar por la Monastrell, una variedad que forma parte de nuestra identidad

Una de las decisiones más importantes que hemos tomado ha sido adaptar nuestra estrategia varietal. En los primeros años de la bodega trabajábamos en mayor medida con variedades internacionales, pero con el tiempo hemos reforzado nuestra apuesta por la Monastrell, la variedad autóctona por excelencia de nuestra zona.

Nuestro equipo técnico ha comprobado cómo esta variedad se adapta de manera extraordinaria a las condiciones del Mediterráneo. Su capacidad para soportar altas temperaturas y periodos de sequía la convierte en una gran aliada frente a los desafíos que plantea el cambio climático.
Además, la Monastrell nos permite elaborar vinos que reflejan con autenticidad el carácter de nuestro territorio. Apostar por ella es también una forma de reivindicar nuestras raíces y poner en valor el patrimonio vitivinícola que nos identifica.

Mantener el cultivo en vaso y en baja densidad: aprender de la sabiduría del viñedo

Otra de las prácticas que seguimos manteniendo es el cultivo en vaso, el sistema tradicional de conducción del viñedo en nuestra zona.

La experiencia nos ha demostrado que muchas de las técnicas utilizadas históricamente por generaciones de viticultores siguen teniendo plena vigencia. La estructura natural de la cepa en vaso ayuda a proteger los racimos de la exposición solar directa, reduciendo el estrés térmico y favoreciendo una maduración más equilibrada en condiciones de calor intenso y escasez de agua.

Asimismo, los marcos de plantación de baja densidad permiten un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles, al reducir la competencia hídrica entre las plantas y disminuir las necesidades de agua del viñedo.

En Bodegas Enrique Mendoza entendemos que avanzar también implica conservar aquello que el tiempo ha demostrado que funciona. Tradición y conocimiento siguen siendo herramientas esenciales para afrontar los desafíos de la viticultura actual.

La poda de invierno
La poda de invierno

Cuidar el suelo para cuidar el viñedo

El suelo es uno de los grandes aliados del viñedo frente a las condiciones climáticas cada vez más extremas. Por ello, dedicamos una atención especial a su conservación y mejora mediante prácticas que favorecen su equilibrio y fertilidad.

Una de las labores que realizamos es la labra de la tierra, manteniendo la superficie mullida y aireada. Esta práctica ayuda a romper la costra superficial que puede formarse tras las lluvias, facilitando que el agua se infiltre en el terreno y pueda ser aprovechada por las raíces de la vid. Además, mejora la aireación del suelo y favorece la actividad biológica que tiene lugar bajo nuestros pies. Como dice un antiguo dicho villenero: “en la puntica de la reja llevas una gotica de agua”.

Este trabajo se complementa con el abonado orgánico, una aportación fundamental para enriquecer el suelo de forma natural. La incorporación de materia orgánica mejora su estructura, aumenta su capacidad para retener agua y nutrientes, y estimula la vida microbiana, esencial para mantener un suelo vivo y fértil.

Gracias a estas prácticas, conseguimos que nuestras cepas dispongan de un entorno más equilibrado y resiliente, capaz de afrontar mejor los periodos de sequía y las condiciones derivadas del cambio climático.

Gestión eficiente del agua: tecnología y responsabilidad

La gestión del agua se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la viticultura mediterránea. En un contexto marcado por la escasez hídrica y la irregularidad de las precipitaciones, utilizar este recurso de forma responsable es una prioridad para garantizar la sostenibilidad de nuestros viñedos.

En Bodegas Enrique Mendoza trabajamos desde diferentes ámbitos para optimizar el uso del agua. Desde la cosecha 2020, depuramos el 100% del agua utilizada durante el proceso de elaboración en nuestra bodega de Villena gracias a una estación depuradora propia. Este sistema nos permite devolver el agua tratada al acuífero del Castellar, al que pertenece la finca, contribuyendo así a la recuperación de una masa de agua que fue declarada en situación de riesgo por la Confederación Hidrográfica del Júcar debido a la disminución de sus niveles.

Paralelamente, somos pioneros en la aplicación de agro-tecnología y viticultura de precisión para comprender mejor las necesidades reales de nuestras plantas. A través de estaciones meteorológicas, sensores de humedad instalados en las diferentes parcelas y dendrómetros que monitorizan el comportamiento de la vid, obtenemos información detallada sobre las condiciones del viñedo y el nivel de estrés hídrico de las cepas.

Estas herramientas no sustituyen la experiencia ni la observación directa en el campo, pero nos ayudan a tomar decisiones más precisas y fundamentadas. Nuestro objetivo no es maximizar la producción, sino alcanzar el equilibrio adecuado para obtener uvas de gran calidad, con una mayor concentración de aromas, estructura y carácter.

Entendemos que cada gota de agua cuenta. Por ello, combinamos la tecnología con el conocimiento adquirido durante décadas de trabajo en el viñedo, buscando siempre un uso eficiente y responsable de este recurso esencial para el futuro de la viticultura.

Favorecer la biodiversidad como parte del equilibrio natural

Recientemente, hemos incorporado árboles en algunas parcelas con el objetivo de generar zonas de sombra y fomentar una mayor biodiversidad en el entorno del viñedo.

Esta iniciativa busca crear microclimas más equilibrados, reducir el estrés térmico de las plantas y favorecer la presencia de fauna auxiliar beneficiosa para el ecosistema.

Para nosotros, el viñedo es mucho más que un cultivo. Es un entorno vivo en el que cada elemento desempeña un papel importante. Cuidar esa biodiversidad forma parte de nuestra manera de entender la viticultura y del compromiso que mantenemos con el paisaje que nos rodea.

Adaptarse para preservar lo que somos

El cambio climático representa uno de los mayores desafíos para la viticultura actual. Sin embargo, también nos ofrece la oportunidad de evolucionar y seguir aprendiendo.

En Bodegas Enrique Mendoza afrontamos este reto desde la responsabilidad y el compromiso con nuestra tierra. Adaptarnos no significa renunciar a nuestra identidad, sino protegerla. Apostar por variedades autóctonas como la Monastrell, mantener prácticas tradicionales como el cultivo en vaso, cuidar nuestros suelos y fomentar la biodiversidad son decisiones orientadas a preservar el futuro de nuestros viñedos.

Detrás de cada botella hay un equipo de personas que trabaja cada día con respeto por el entorno y con la ilusión de seguir elaborando vinos que expresen la esencia de Alicante y del Mediterráneo.

Porque cuidar de la tierra hoy es también una forma de asegurar que las generaciones futuras puedan seguir disfrutando de nuestros paisajes, nuestros viñedos y de vinos que hablen con honestidad del lugar del que proceden.

La poda de invierno