El invierno, tiempo de reposo y reflexión

La llegada del invierno marca un momento clave en el ciclo de la vid, un periodo de dormancia o reposo que es esencial para que la planta recupere fuerzas, acumule energía, y tenga el vigor necesario para brotar de nuevo durante la primavera.

Este proceso natural, en el que la planta detiene su actividad visible, es mucho más que un descanso: es una etapa de preparación para el próximo año. Y es que, mientras el viñedo parece dormir ante nuestros ojos bajo el manto invernal, la actividad en las vides no cesa.

En Bodegas Enrique Mendoza vivimos este tiempo con especial atención, conscientes de las condiciones únicas de nuestro territorio, Alicante, y de cómo influyen en nuestros viñedos. Descubre con nosotros todos los secretos y la importancia de este momento crucial en el ciclo anual de la vid.

¿En qué consiste el reposo invernal de la vid?

El invierno trae consigo la llegada del nuevo año, y con ello el inicio del ciclo anual de la vid. Durante esta época las plantas se encuentran en su “estado cero”, siendo el momento de descansar y recuperar energías para poder volver con mayor fuerza.

Por ello, durante el invierno, la vid entra en un estado de dormancia provocado por el descenso de las temperaturas y la reducción de las horas de luz. En esta fase, la savia deja de circular activamente, paralizando la actividad vegetativa de la planta, que pasa a concentrar sus energías en su regeneración interna, reforzando su estructura permanente: el tronco y las raíces.

Aunque la actividad visible cesa, bajo tierra el sistema radicular sigue activo, absorbiendo nutrientes del suelo para almacenarlos en sus reservas, fundamentales para el brote primaveral.

Las particularidades del clima mediterráneo y su influencia

En Alicante, donde el clima cálido se combina con una baja pluviometría, este periodo de dormancia adquiere particularidades propias que influyen en el reposo de nuestros viñedos y en su preparación para el próximo ciclo.

Uno de los mayores retos del clima mediterráneo es la escasez de lluvias, que genera numerosos desafíos en el trabajo del viñedo. Sin embargo, las condiciones climatológicas de Alicante también ofrecen beneficios que contribuyen a la producción de vinos sostenibles y de gran calidad.

Por un lado, las suaves temperaturas invernales de la zona, que rara vez descienden por debajo de los 0ºC, minimizan el riesgo de daños por heladas. Aunque esto puede implicar un reposo menos profundo en las vides, también asegura una transición más suave hacia la primavera y reduce el estrés térmico en las plantas.

Pero, si por algo se caracterizan los viñedos alicantinos, es por su estrés hídrico, que juega un papel fundamental en la calidad de la uva. Aunque podría percibirse como una desventaja, este fenómeno provocado por la escasez de lluvia fortalece las vides, que se ven obligadas a profundizar sus raíces en búsqueda de agua, lo que contribuye a la producción de frutos más concentrados y ricos en compuestos aromáticos.

En variedades autóctonas como la Monastrell, perfectamente adaptada al clima mediterráneo, el estrés hídrico potencia su carácter único y su resistencia natural.

El reposo invernal
Preparando el viñedo del futuro

Decisiones estratégicas: preparando el viñedo del futuro

El invierno es también la época de tomar decisiones estratégicas que tendrán su impacto en el viñedo durante el año. Es el momento de analizar las vides, observar su rendimiento y cambios durante el pasado año y plantear nuevos retos para los próximos meses:

  • Planificar estrategias de riego: En una región con escasez de agua como Alicante, optimizar el uso de este recurso es crucial. Una de las formas de manejar el estrés hídrico del viñedo es implementar estrategias de riego eficiente.
  • Fomentar variedades resistentes: La Monastrell, nuestra variedad autóctona, destaca por su adaptación al clima mediterráneo y su capacidad para prosperar en condiciones de estrés hídrico. En Bodegas Enrique Mendoza trabajamos para poner en valor esta variedad, aprovechar su resistencia y elaborar con ella vinos muy especiales y auténticos.
  • Incorporar innovaciones sostenibles: Numerosas soluciones orientadas a asegurar un cultivo responsable y respetuoso con el entorno, como por ejemplo el uso de tecnologías que mejoran la gestión del viñedo.

El trabajo en viñedo no se detiene: la importancia de la poda

Y, por supuesto, la época invernal es el momento de ejecutar una de las decisiones estratégicas más importantes: la poda. Aunque con el invierno la vid descansa, el trabajo en el viñedo no se detiene. Es el momento en el que nuestro equipo, con manos expertas y armado tijera en mano, lleva a cabo la poda de nuestros viñedos.

La poda es una tarea imprescindible para guiar el crecimiento de las viñas y asegurar un mayor rendimiento, así como una producción equilibrada y de calidad. Y el invierno es el momento ideal para realizarla. Las ramas verdes de la vid se han convertido en madera, la savia deja de tener presencia activa en su interior y, además, las bajas temperaturas favorecen una mejor cicatrización de los cortes en la planta, con un menor riesgo de infecciones.

Durante este proceso se eliminan las partes de la vid que ya han cumplido su ciclo, dejando las yemas necesarias para el próximo año, que darán lugar a un nuevo brote, del cual nacerán los futuros racimos.

En Bodegas Enrique Mendoza realizamos la poda dedicando el tiempo necesario a cada cepa. Esta tarea delicada y prolongada en el tiempo nos permite conseguir una mejor aireación y exposición solar de los racimos que brotarán en unos meses.

El invierno nos recuerda que incluso en los momentos de aparente quietud, la naturaleza sigue trabajando. La vid, con su adaptación y capacidad de regeneración, nos enseña la importancia de los ciclos, de respetar los tiempos de reposo y de prepararnos para los desafíos del futuro.

En Bodegas Enrique Mendoza, este periodo también es un momento de reflexión: evaluamos el año que termina, aprendemos de cada experiencia y nos preparamos con energía renovada para lo que está por venir. El invierno es, al fin y al cabo, un tiempo de adaptación y resiliencia, cualidades que compartimos con nuestras viñas y que nos guían en nuestra pasión por crear vinos únicos y llenos de vida.

El trabajo en viñedo no se detiene