El enoturismo o turismo del vino es una modalidad turística en auge que suele vincularse a un perfil de turista más maduro y especializado, de entre 45 y 60 años, generalmente con un poder adquisitivo elevado. Pero, ¿acaso disfrutar de una buena copa de vino o una experiencia en una bodega es sólo cosa de mayores? ¡Por supuesto que no!. El vino se ha convertido en un producto realmente atractivo y un símbolo hedonista para todas las franjas de edad. En este sentido, el vino, la gastronomía el conjunto de actividades lúdicas asociadas a ellos son una motivación compartida y apreciada también por los más jóvenes. Los millenials como yo, también disfrutamos de las cosas buenas de la vida.

Se dice que la generación millennial, los nacidos a partir de 1980, están ya cambiando la industria del vino y que probablemente será el principal público de las bodegas en los próximos años. Dentro de esta población millennial, existen personas aficionadas al mundo del vino y consumidores casuales, pero también podemos encontrar verdaderos jóvenes entusiastas y auténticos winelovers, apasionados por el mundo del vino, consumidores habituales, que sienten el vino como un producto de gran valor cultural y gastronómico.

Los millenials vivimos el vino de otra forma, con gran intensidad sin tener nada que envidiar a los paladares más exigentes y experimentados. No necesitamos ser expertos y huimos del elitismo que normalmente se asocia con el ambiente del vino. Somos mucho más pragmáticos, vivimos dentro de nuestra atmósfera sin necesidad de ser mirados u observados por el resto.

Además, nos solemos comportar como auténticos ‘’culos inquietos’’, con un gran interés en probar nuevas cosas, seguir aprendiendo sobre la cultura del vino en general y disfrutar de actividades de enoturismo -o turismo enogastronómico- en particular. Nos gusta lo nuevo, lo especial, lo inusual y emocionante, nos sentimos ávidos por vivir nuevas experiencias y emociones que valga la pena compartir con nuestros amigos.

Bajo el paraguas del enoturismo encontramos un sinfín de propuestas de ocio originales, chic o singulares para experimentar nuevas vivencias y sensaciones, que sin duda están a la altura del mejor ‘’postureo’’ que practica esta generación millennial: Nos entusiasma el tardeo, los picnics camperos entre viñedos, los paseos a caballo, los talleres y cursos de cocina, las catas de vino, maridajes y degustaciones, visitas a bodegas familiares, cursos de fotografía en la viña, eventos y festividades relacionadas con el mundo del vino y la gastronomía… Y todo ello pudiendo recorrer, como auténticos viajeros, una gran diversidad de territorios y destinos vitivinícolas de todo el país que atesoran una gran riqueza cultural, natural y gastronómica. El enoturismo es una propuesta muy guay para los millenials.

Visitar una bodega donde te reciben con los brazos abiertos, donde catamos muchos vinos, hay cercanía, honestidad y buen rollo. Hospedarnos en un hotel con encanto en mitad del campo y salir al balcón, a mitad de la noche, respirando el olor a viñedo y naturaleza. Perderse entre paisajes de terrazas con viñedos infinitos y capturar la mejor instantánea de postal. Degustar un menú maridaje en uno de los mejores restaurantes del lugar y disfrutar la buena mesa, abriendo boca con ese genuino queso con sabor a pueblo y una buena copa de vino. Porque haciendo enoturismo también puedes disfrutar de rutas del sabor y rutas gastronómicas por los pueblos y ciudades más recónditos de la España interior, deleitándote con la rica gastronomía autóctona de cada destino, hecha con productos de cercanía. Para volver al origen, al sabor de antaño. Cocina tradicional o cocina de autor, ¡eso ya para gustos!

También puedes traer como obsequio, para tu familia o amigos, una pequeña parte de esa tierra comprando productos gourmet en comercios locales especializados. Productos ‘’de la tierra” y “del mar” característicos de cada territorio, y que te hacen volver a tus raíces. Realizar un tour turístico con un guía local que, con su mejor sonrisa, te sumerge en la cultura del vino local haciéndote sentir parte de su comunidad, mostrándote los atractivos del destino y la hospitalidad de sus gentes, sus costumbres y tradiciones más arraigadas, o contándote las anécdotas más curiosas sobre su historia, su cultura, sus calles y sus edificios más emblemáticos. Probar alguna comida exótica en un food truck de bodega, acompañada de un buen vino, o catar los quesos de la zona y un sinfín de vinos, como cuando visitamos Bodegas Enrique Mendoza. Recuerdo aquella mañana, fue el preludio de un grandísimo día.

En definitiva, el vino, la gastronomía y las múltiples experiencias y actividades que los rodean mucho tienen que ver con las motivaciones y expectativas de los millenials, esos viajeros empedernidos para los que, pese a su corta edad, el viaje forma parte de su ADN y de su estilo de vida más cotidiano. No pertenecen a ninguna clase o si lo hacen no les concedemos tanta importancia. Lo que sí importa para nosotros es cada vivencia, cada momento, cada detalle. Valoramos las marcas cercanas, el diseño, la modernidad, la creatividad, la innovación, la sostenibilidad y la personalización. Y en todo esto, las bodegas tienen mucho que ofrecernos.

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